Los diez factores de la vida

En muchas enseñanzas del budismo, el Buda se presenta como un ser cuyas habilidades y sabiduría superan con creces a las de la gente común. El Sutra del loto, sin embargo, invalida por completo esta percepción, aclarando que las personas comunes poseen inherentemente los mismos atributos que el Buda y son iguales en su capacidad para manifestar las cualidades más profundas y positivas de la vida.

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Los “diez factores de la vida”, expuestos en el segundo capítulo del Sutra del loto, son un componente clave de la explicación teórica de esta verdad. Analizan la vida en función de los elementos que son comunes a todos los fenómenos. Los diez factores forman parte del sistema teórico más amplio y abarcador de los “tres mil aspectos contenidos en cada instante vital”, establecido por el maestro budista del siglo VI Zhiyi (el gran maestro Tientai o T’ien-t’ai) en China. Esta enseñanza constituye la base de la filosofía del budismo Nichiren y aclara que el potencial de la budeidad es inherente a todas las cosas. Esto, dice el Sutra del loto, es algo difícil de entender y de creer.

Los diez factores se presentan en un pasaje del sutra que dice: “El verdadero aspecto de todos los fenómenos sólo puede ser comprendido y compartido por budas. Esta realidad consiste en apariencia, naturaleza, entidad, poder, influencia, causa interna, relación, efecto latente, efecto manifiesto y su coherencia del principio al fin”.

Elementos comunes a toda vida

Los primeros tres factores describen el marco básico de la vida. La apariencia se relaciona con las características físicas y los atributos, aquello que se puede ver. La naturaleza se refiere a aquellos aspectos de la vida que son esencialmente no físicos, nuestra disposición inherente y nuestro potencial latente. La entidad es la vida misma expresada como apariencia y naturaleza. Si la apariencia es una cara de la moneda y la naturaleza es la otra, la entidad es la moneda en sí. Los tres aspectos son inseparables.

Los siguientes seis factores describen las funciones de la vida, la forma en que la ley de causa y efecto opera en la vida. El poder describe el potencial para actuar o crear un efecto, y la influencia representa la acción o efecto producido cuando se activa este poder inherente. La causa interna es la causa latente en la vida. La relación se refiere a las condiciones interiores y exteriores que desencadenan la causa interna, produciendo un efecto latente en las profundidades de la vida. El efecto manifiesto es el resultado perceptible que finalmente aparece. Por ejemplo, cuando una persona con tendencia a depresiva (causa interna) sufre un desengaño (relación), esto puede incrementar su nivel de estrés (efecto latente) y conducirla a un estado de depresión (efecto manifiesto). Dicho trastorno depresivo afectará a las personas de su entorno (influencia). La fuerza de tal influencia es una función de su poder.

El décimo factor, la coherencia del principio al fin, indica que los otros nueve factores están interrelacionados y son perfectamente consecuentes al expresar la misma condición de la existencia en un momento determinado. El efecto manifiesto de la depresión, en el ejemplo anterior, es coherente con la causa interna, la relación, etc., del terrible estado de la depresión, que se percibirá en la apariencia de la persona y en la disminución de su energía. Una coherencia similar podría aplicarse a cualquier otra condición, como la alegría, la ira o la compasión.

Los diez estados

La tradición a la que pertenece el budismo Nichiren categoriza todas estas condiciones en diez estados de vida, o “diez mundos”, desde el infierno hasta la budeidad, inherentes por igual a todas las personas. Estos definen la totalidad del espectro de la vida. Toda vida y todo fenómeno, en cualquier momento dado, manifiestan uno de los diez estados, no quedando ninguna expresión de vida al margen de estos diez. En el estado de infierno, la vida está colmada de frustración y sufrimiento; en el estado de budeidad, la vida está colmada de sabiduría, amor compasivo e ilimitadas posibilidades. La vida manifiesta esta variedad de potenciales (los diez estados) y es sinónimo de lo que Nichiren llamó la Ley Mística o Myoho-renge-kyo.

Las personas comunes poseen inherentemente los mismos atributos que el Buda.

Los diez factores explican de forma coherente el modo en el que la causa y el efecto actúan en la vida de las personas dando lugar a los diferentes estados de vida. El budismo Nichiren expone de manera explícita la ley de causa y efecto con el fin de manifestar el estado de vida de la budeidad. En otras palabras, cualquiera que practique como Nichiren enseñó, experimentará el efecto de la budeidad, independientemente de su capacidad o circunstancia.

La base de esta práctica es tener fe en que nuestra vida en sí misma es la Ley Mística y posee de manera inherente el espectro completo de las posibilidades de la vida.

Tal y como escribe Nichiren: “Cuando veneramos el Myoho-renge-kyo inherente a nuestra propia vida como objeto de devoción, la entonación de Nam-myoho-renge-kyo hace surgir y despliega nuestra naturaleza de Buda interior. A esto se refiere el término ‘Buda’”.

Recitar Nam-myoho-renge-kyo es un acto de afirmación de nuestra fe en nuestra naturaleza de Buda. Al mismo tiempo, la enseñanza de Nam-myoho-renge-kyo es la relación (en términos de los diez factores) que permite que el estado de vida de la budeidad se manifieste en nuestra vida.

Nichiren instó a sus seguidores a comprometerse firmemente con su práctica budista y a triunfar en medio de la dura realidad de la vida. Su propia existencia se caracterizó por la lucha feroz y el esfuerzo constante en aras de la felicidad de las personas. A través de esta práctica continua para nosotros y para los demás, podemos aprovechar en su totalidad el maravilloso funcionamiento de nuestra naturaleza de Buda, disfrutando de un amplio y elevado estado de vida, libre de temores y de libertad interior.